miércoles, 10 de junio de 2015

Inventario.

Una sucesión de piernas:
Las inocentes y gordezuelas de los bebés,
las tersas y emergentes en caricias de las adolescentes,
las  de las veinteañeras,
ese milagro cuando tienes veinte años;
ese fracaso cuando tienes cuarenta,
las piernas de mi mujer y el rastro de desgaste
que han dejado tres partos y cientos de caricias.

Y las  más tristes,
 las piernas de mi madre
con las grandes autopistas azules
hacia la muerte.

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